¡Hola! Empezamos una nueva unidad y seguimos tratando de entender las obras artísticas del siglo XX.
Para eso vamos a analizar el estilo Cubista, pero no como un estilo más, sino como el momento en que existe una clara y definitiva ruptura con el arte tradicional.
Ya hemos hecho una revisión del estilo, sus representantes y algunas obras. Pero he encontrado en la web un artículo interesantísimo que deseo compartir con ustedes.
A LA BÚSQUEDA DE LA CUARTA DIMENSIÓN
Imagínense que les entra una gran curiosidad por conocer uno de esos juguetes de cuerda con los que se entretenían en la infancia. ¿Qué hacen? Se van a una mesa y con mucha paciencia van abriendo el juguete, desmontando sus piezas y poniéndolas encima de la mesa. Quizás ya no puedan volver a armarlo, pero habrán obtenido una visión más completa de cómo eran las entrañas del artefacto que antes de haberlo abierto. Por tanto, habrán analizado el juguete por fuera, por dentro y con detalle, respecto a cada uno de sus elementos compositivos.
Violín con uvas. 1912.
Pablo Picasso: "Retrato de Ambroise Vollard" (1910).
Las señoritas de Avignon - 1907.
Ese mismo interés está en la base de la pintura cubista. Hasta su aparición, el cuadro, la obra pictórica, disponía de dos dimensiones, el largo y el ancho, aportadas por el propio soporte; el pintor añadía una tercera, la profundidad, empleando para ello la perspectiva. El cubismo rompe con esta idea de las tres dimensiones y se lanza a la búsqueda de la cuarta dimensión, la dimensión imposible, aquella que permitiría ver una figura (da igual que sea un objeto, un paisaje o una persona) en su globalidad. Para ello, elimina la perspectiva e introduce la multiplicidad de planos, de manera que el espectador tenga varias visiones simultáneas de la figura representada, que a veces puede alcanzar hasta su mismo interior, obligando a nuestro cerebro a esforzarse para comprender cómo está organizada la composición.




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